Ago 14, 2026 | Custodia del Acto Médico

Inteligencia artificial y autoría científica: ¿quién custodia el conocimiento médico?

Resumen:

La inteligencia artificial está transformando la producción y comunicación del conocimiento médico. Puede buscar evidencia, analizar información, revisar manuscritos y generar textos científicos. Las nuevas orientaciones de JAMA sobre su utilización en publicaciones médicas establecen una frontera fundamental: la inteligencia artificial puede asistir al autor, pero no asumir su responsabilidad. El contenido generado debe verificarse, determinados usos deben declararse y la integridad científica permanece bajo responsabilidad humana (1). Este principio trasciende la publicación académica y alcanza directamente la práctica clínica. Si un algoritmo puede participar en la construcción del conocimiento, también podrá intervenir crecientemente en decisiones diagnósticas y terapéuticas. La cuestión central será entonces quién responde por sus resultados. Desde la bioética, transparencia, supervisión humana, seguridad, autonomía y justicia adquieren especial importancia. Custodiar el conocimiento médico no significa rechazar la inteligencia artificial, sino incorporarla responsablemente. Podemos delegar determinadas tareas, pero no el deber profesional de comprender, verificar, decidir y responder.

Inteligencia artificial y autoría científica: ¿quién custodia el conocimiento médico?

Resumen:

La inteligencia artificial está transformando la producción y comunicación del conocimiento médico. Puede buscar evidencia, analizar información, revisar manuscritos y generar textos científicos. Las nuevas orientaciones de JAMA sobre su utilización en publicaciones médicas establecen una frontera fundamental: la inteligencia artificial puede asistir al autor, pero no asumir su responsabilidad. El contenido generado debe verificarse, determinados usos deben declararse y la integridad científica permanece bajo responsabilidad humana (1). Este principio trasciende la publicación académica y alcanza directamente la práctica clínica. Si un algoritmo puede participar en la construcción del conocimiento, también podrá intervenir crecientemente en decisiones diagnósticas y terapéuticas. La cuestión central será entonces quién responde por sus resultados. Desde la bioética, transparencia, supervisión humana, seguridad, autonomía y justicia adquieren especial importancia. Custodiar el conocimiento médico no significa rechazar la inteligencia artificial, sino incorporarla responsablemente. Podemos delegar determinadas tareas, pero no el deber profesional de comprender, verificar, decidir y responder.
Inteligencia artificial y autoría científica:
¿quién custodia el conocimiento médico?

Dr. Tulio José Núñez Medina

Cardiólogo Clínico e Intervencionistsa/Bioética Clínica

Introducción

La inteligencia artificial está modificando la producción del conocimiento médico. Puede buscar información, analizar datos, resumir evidencia y revisar manuscritos. También puede generar textos científicos con notable coherencia y rapidez. Estas capacidades ofrecen oportunidades importantes para investigación y educación médica. Sin embargo, plantean nuevos problemas sobre autoría, integridad y responsabilidad.

Recientemente, (agosto 2026), JAMA actualizó sus orientaciones sobre inteligencia artificial en publicaciones médicas (1). El documento establece condiciones para utilizar estas herramientas durante el proceso científico. Su alcance, sin embargo, supera las normas editoriales de una revista. Nos enfrenta con una pregunta fundamental: ¿quién responde por el conocimiento producido con ayuda de inteligencia artificial?

Cuando la herramienta participa del pensamiento

Las herramientas tradicionales para escribir tenían funciones relativamente delimitadas. Una base bibliográfica permitía localizar publicaciones y organizar referencias. Un programa estadístico procesaba información seleccionada por investigadores. La responsabilidad intelectual permanecía claramente identificada con quienes utilizaban estas herramientas.

La inteligencia artificial generativa modifica considerablemente esta relación. Puede resumir literatura, comparar documentos y organizar argumentos. También puede proponer interpretaciones y generar párrafos completos. La herramienta comienza así a intervenir sobre el contenido intelectual. Allí aparece una frontera entre asistencia tecnológica y delegación del razonamiento.

JAMA reconoce diferentes aplicaciones de inteligencia artificial en investigación y publicación (1). Sin embargo, los autores deben comprobar el contenido generado y garantizar su integridad. Determinados usos también requieren una declaración suficientemente detallada. La responsabilidad final permanece en quienes firman el manuscrito. La firma continúa siendo humana porque la responsabilidad continúa siendo humana.

Un texto convincente también puede estar equivocado

Los modelos generativos pueden producir información incorrecta mediante un lenguaje convincente. Esta característica representa una vulnerabilidad importante para la ciencia. Un texto bien construido puede crear una falsa percepción de certeza. La coherencia lingüística nunca garantiza exactitud científica.

El problema resulta particularmente evidente con las referencias bibliográficas. Los modelos pueden generar autores, títulos y revistas aparentemente auténticos. Algunas referencias, sin embargo, pueden contener errores o simplemente no existir. JAMA advierte específicamente sobre esta vulnerabilidad y exige su comprobación (1). Verificar la información constituye entonces una obligación de integridad científica.

Esta preocupación continúa una reflexión previa de nuestro proyecto. La inteligencia artificial está creando una nueva frontera para la medicina basada en evidencia (2). Los algoritmos pueden descubrir asociaciones difíciles de reconocer mediante métodos convencionales. Sin embargo, sus resultados necesitan evaluación metodológica, validación y contextualización clínica. La inteligencia artificial no sustituye la medicina basada en evidencia; aumenta su necesidad.

Declarar no significa solamente informar

La transparencia constituye otro componente fundamental de estas orientaciones. Informar que utilizamos inteligencia artificial representa solamente un primer paso. Debemos conocer qué herramienta intervino y con qué finalidad. También necesitamos identificar aquello que produjo y cómo fue posteriormente verificado (1).

La transparencia exige conservar suficiente control sobre el proceso intelectual. El investigador debe poder explicar qué produjo la inteligencia artificial. También debe identificar qué información comprobó personalmente. Finalmente, debe defender aquello que presenta como conocimiento científico. Sin estas condiciones, la declaración puede convertirse en una formalidad sin verdadera responsabilidad.

Escribir también constituye una forma de pensar. La escritura permite organizar argumentos, reconocer contradicciones y descubrir incertidumbres. Delegarla completamente puede significar delegar parte del proceso reflexivo. Por ello, cada autor debería formularse una pregunta sencilla: ¿puedo explicar y defender aquello que estoy firmando?

Del conocimiento científico al acto médico

Esta discusión adquiere mayor trascendencia cuando llega al escenario clínico. La inteligencia artificial puede interpretar imágenes y analizar señales fisiológicas. También puede estimar riesgos, organizar historias y sugerir posibilidades diagnósticas. Estas capacidades continuarán aumentando durante los próximos años.

En cardio-oncología hemos analizado cómo algoritmos identifican patrones electrocardiográficos asociados con neoplasias (3). Estos hallazgos demuestran capacidades extraordinarias para reconocer información aparentemente oculta. Sin embargo, una predicción algorítmica no constituye automáticamente un diagnóstico. Necesita interpretación dentro del contexto individual del paciente.

La estructura comienza entonces a parecerse al problema planteado por JAMA. En publicación científica, la inteligencia artificial puede asistir al autor. En medicina, puede asistir al médico. En ambos escenarios debe preservarse una responsabilidad humana identificable. La asistencia algorítmica no transforma la responsabilidad profesional en responsabilidad algorítmica.

Del iPaciente al iDoctor

Anteriormente analizamos la transición del iPaciente al iDoctor (4). Los pacientes utilizan sistemas generativos antes de consultar con sus médicos. Llegan con interpretaciones, hipótesis diagnósticas y recomendaciones terapéuticas. Paralelamente, los profesionales comienzan a utilizar las mismas herramientas durante su actividad clínica.

La relación médica incorpora así una creciente intermediación tecnológica. Pacientes y profesionales pueden estar asistidos por diferentes sistemas algorítmicos. Precisamente por ello, el juicio clínico adquiere mayor importancia. La inteligencia artificial puede ampliar nuestras capacidades. No debe sustituir la responsabilidad del médico que finalmente decide.

Esta transformación tampoco ocurre bajo condiciones iguales. En Venezuela persisten limitaciones de conectividad, infraestructura y acceso tecnológico (5). La brecha digital puede convertirse progresivamente en una nueva brecha sanitaria. Por ello, la implementación de inteligencia artificial también debe analizarse desde la justicia y la equidad.

Una cuestión de bioética y gobernanza

La Organización Mundial de la Salud ha establecido principios para gobernar la inteligencia artificial sanitaria (6). Estos incluyen autonomía, seguridad, transparencia, responsabilidad y equidad. UNESCO también ha desarrollado un marco internacional para su utilización ética (7). La convergencia entre tecnología, medicina y bioética resulta cada vez más evidente (8).

Los principios tradicionales de la bioética mantienen plena vigencia en este escenario (9). La autonomía exige decisiones suficientemente informadas. La beneficencia obliga a buscar beneficios clínicos razonables. La no maleficencia exige reconocer errores y sesgos previsibles. La justicia demanda evitar nuevas desigualdades derivadas del acceso tecnológico.

La inteligencia artificial incorpora además exigencias de transparencia y supervisión humana. Necesita mecanismos apropiados de evaluación, control y responsabilidad. Estos elementos no sustituyen los principios clásicos de la bioética. Los complementan frente a una nueva realidad tecnológica.

Custodiar el acto médico

Custodiar no significa impedir la innovación. Significa proteger aquello valioso que ha sido confiado a nuestro cuidado. En medicina, ese bien fundamental continúa siendo la persona enferma. También debemos custodiar la relación clínica, la calidad del conocimiento y la seguridad del paciente.

El médico puede utilizar algoritmos, modelos predictivos y sistemas generativos. También puede incorporar nuevas formas de evidencia producidas mediante inteligencia artificial. Sin embargo, debe conservar capacidad para evaluar y contextualizar sus resultados. Debe poder cuestionarlos y rechazarlos cuando resulte necesario.

Las nuevas orientaciones de JAMA plantean una pregunta fundamental: ¿quién responde por el conocimiento producido con inteligencia artificial? (1). La medicina deberá responder otra todavía más trascendente: ¿quién responde por las decisiones clínicas tomadas con inteligencia artificial? Ambas preguntas convergen sobre un mismo principio de responsabilidad humana.

Reflexión final

Estamos entrando en una medicina profundamente asistida por inteligencia artificial. Probablemente tendrá mayores capacidades diagnósticas, predictivas y educativas. Estas posibilidades justifican investigación, entusiasmo y adopción responsable. Sin embargo, mayor capacidad tecnológica también exige mayor responsabilidad profesional.

El verdadero riesgo quizá no sea cuánto aprenderá la inteligencia artificial. Debemos preguntarnos cuánto estamos dispuestos nosotros a dejar de comprender. Podemos delegar búsquedas, cálculos y determinados procesos analíticos. No debemos delegar el deber de comprender, decidir y responder.

JAMA recuerda que quien firma una publicación continúa respondiendo por su contenido (1). La medicina necesita conservar un principio equivalente frente a la inteligencia artificial. Quien utiliza estas herramientas continúa respondiendo por sus decisiones profesionales. Allí comienza la custodia del acto médico en la era de la inteligencia artificial.

Referencias

  1. Flanagin A, Perlis RH, Bibbins-Domingo K. Updated Guidance for Author Use of AI in Medical Publication. JAMA. 2026. doi:10.1001/jama.2026.16613.
  2. Núñez Medina TJ. Evidencia científica generada por inteligencia artificial: una nueva frontera para la medicina basada en evidencia. Instituto EduCardio. 2026.
  3. Núñez Medina TJ. En la señal eléctrica del corazón se encuentran códigos que identifican cáncer. Instituto EduCardio. 2026.
  4. Núñez Medina TJ. Del iPaciente al iDoctor: ¿quién custodiará el acto médico? Instituto EduCardio. 2026.
  5. Núñez Medina TJ. Venezuela: brecha digital y desafíos bioéticos de una transformación silenciosa del acto médico. Instituto EduCardio. 2026.
  6. World Health Organization. Ethics and governance of artificial intelligence for health: WHO guidance. Geneva: WHO; 2021.
  7. UNESCO. Recommendation on the Ethics of Artificial Intelligence. Paris: UNESCO; 2021.
  8. Núñez Medina TJ. De Silicon Valley al Vaticano y al escenario clínico venezolano. Instituto EduCardio. 2026.
  9. Beauchamp TL, Childress JF. Principles of Biomedical Ethics. 8th ed. New York: Oxford University Press; 2019.

Dr. Tulio José Núñez Medina
Cardiólogo Clínico e Intervencionista
Cardio-oncología | Bioética Clínica

Proyecto Custodia del Acto Médico en la Era de la Inteligencia Artificial
Instituto EduCardio