El corazón bajo presión térmica. Una reflexión sobre el estrés térmico y la enfermedad cardiovascular

La intensificación del estrés térmico ambiental representa un desafío emergente para la salud cardiovascular. La evidencia reciente demuestra un aumento sostenido de la carga térmica percibida, de las noches cálidas y de la población expuesta a condiciones potencialmente peligrosas. Desde la práctica clínica, estos hallazgos adquieren especial interés ante la percepción repetida de pacientes con crisis hipertensivas, insuficiencia cardíaca descompensada, síndromes coronarios agudos y arritmias, quienes refieren una mayor sensación de calor tanto en el Sur del Lago de Maracaibo como en la ciudad de Mérida. Aunque esta observación no establece una relación causal, plantea una hipótesis clínicamente plausible. En un contexto de cambio climático, variabilidad climática regional y prolongados cortes del servicio eléctrico, el estrés térmico podría convertirse en un determinante ambiental relevante para la prevención cardiovascular. Este artículo propone una lectura clínica del problema y plantea la necesidad de desarrollar investigaciones regionales que permitan comprender su impacto sobre la enfermedad cardiovascular y orientar futuras estrategias de prevención.

El corazón bajo presión térmica. Una reflexión sobre el estrés térmico y la enfermedad cardiovascular

La intensificación del estrés térmico ambiental representa un desafío emergente para la salud cardiovascular. La evidencia reciente demuestra un aumento sostenido de la carga térmica percibida, de las noches cálidas y de la población expuesta a condiciones potencialmente peligrosas. Desde la práctica clínica, estos hallazgos adquieren especial interés ante la percepción repetida de pacientes con crisis hipertensivas, insuficiencia cardíaca descompensada, síndromes coronarios agudos y arritmias, quienes refieren una mayor sensación de calor tanto en el Sur del Lago de Maracaibo como en la ciudad de Mérida. Aunque esta observación no establece una relación causal, plantea una hipótesis clínicamente plausible. En un contexto de cambio climático, variabilidad climática regional y prolongados cortes del servicio eléctrico, el estrés térmico podría convertirse en un determinante ambiental relevante para la prevención cardiovascular. Este artículo propone una lectura clínica del problema y plantea la necesidad de desarrollar investigaciones regionales que permitan comprender su impacto sobre la enfermedad cardiovascular y orientar futuras estrategias de prevención.

En medicina, algunas observaciones aparecen primero en el consultorio. Solo después encuentran explicación en la evidencia científica.

Durante los últimos meses hemos escuchado una expresión repetida en la consulta cardiológica: «Doctor, este calor no es normal». La refieren pacientes con crisis hipertensivas, insuficiencia cardíaca descompensada, síndromes coronarios agudos y arritmias. La escuchamos tanto en personas procedentes del Sur del Lago de Maracaibo como en residentes de la ciudad de Mérida. Dos regiones con características climáticas tradicionalmente diferentes.

Esta observación no demuestra una relación causal. Sin embargo, tampoco parece prudente ignorarla. Las descompensaciones cardiovasculares son multifactoriales. El estrés térmico podría representar un factor precipitante adicional.

La búsqueda de una explicación condujo al reciente estudio Global Heat Stress Intensification and Its Expanding Footprint on the Human Population, publicado en Nature Climate Change (1). Los autores documentan una intensificación sostenida del estrés térmico desde la década de 1970. También describen un aumento de las noches cálidas, de los episodios combinados de calor diurno y nocturno y de la población expuesta a condiciones potencialmente peligrosas (1).

El estudio utiliza el Índice Universal de Clima Térmico (UTCI). Este indicador integra temperatura, humedad, radiación solar, velocidad del viento y respuesta fisiológica humana (4). Su empleo permite estimar la carga térmica real soportada por el organismo.

La aclimatación no significa inmunidad.

El calor no afecta únicamente a quienes viven en climas templados. También puede superar la capacidad de adaptación de quienes han convivido con él durante toda su vida. Cuando aumentan la intensidad, la humedad y la duración del calor, especialmente durante la noche, disminuye la capacidad de recuperación fisiológica. En pacientes con enfermedad cardiovascular, diabetes, enfermedad renal o edad avanzada, la reserva funcional puede resultar insuficiente. La exposición al calor incrementa el riesgo de descompensación cardiovascular y de otros eventos clínicos en poblaciones vulnerables (2,3).

Esta reflexión adquiere mayor relevancia en el contexto climático actual. El cambio climático favorece un incremento sostenido de la carga térmica global (1). A ello podrían sumarse episodios de El Niño, capaces de intensificar temporalmente las temperaturas y modificar los patrones climáticos en América Latina (5). Aunque sus efectos varían entre regiones, esta interacción podría aumentar la vulnerabilidad cardiovascular y merece investigación específica en nuestro medio.

En Venezuela existe además una circunstancia particular. Los prolongados cortes del servicio eléctrico limitan la posibilidad de disminuir la carga térmica ambiental. La ausencia de ventilación y refrigeración prolonga la exposición al calor, especialmente durante la noche. Esta situación podría aumentar la vulnerabilidad de los pacientes cardiovasculares. Sin embargo, esta hipótesis requiere ser evaluada mediante estudios clínicos y epidemiológicos.

La Asociación Americana del Corazón y la Organización Mundial de la Salud reconocen que el estrés térmico constituye un riesgo creciente para la salud cardiovascular (2,3). En un escenario de cambio climático, su importancia probablemente continuará aumentando.

La lectura del estudio publicado en Nature Climate Change ofrece un fundamento científico para interpretar estas observaciones clínicas. La revisión del artículo original permitirá comprender mejor la magnitud de este fenómeno y sus posibles implicaciones para la práctica cardiovascular. Tal vez el estrés térmico deba incorporarse progresivamente al razonamiento clínico, la prevención cardiovascular y las futuras líneas de investigación en nuestra región.

Referencias

(1) Emerton R, Nicolas J, Lombardi A, Di Napoli C. Global Heat Stress Intensification and Its Expanding Footprint on the Human Population. Nature Climate Change. 2026.

(2) Hanneman K, Alahmad B, Ghosh A, et al. Nonoptimal Temperature and Cardiovascular Health: A Scientific Statement From the American Heart Association. Circulation. 2026.

(3) World Health Organization. Heat and health. Geneva: World Health Organization; 2024.

(4) Jendritzky G, de Dear R, Havenith G. UTCI—Why another thermal index? International Journal of Biometeorology. 2012;56(3):421-428.

(5) Organización Meteorológica Mundial. El Niño y sus repercusiones climáticas en América Latina y el Caribe. 2025.