Durante más de un siglo, el electrocardiograma ha sido una herramienta esencial de la práctica médica. Generaciones de médicos hemos aprendido a interpretar sus ondas, intervalos y segmentos para diagnosticar enfermedades cardiovasculares. Su utilidad clínica ha perdurado por su rapidez, disponibilidad y capacidad para orientar decisiones diagnósticas y terapéuticas. Hoy, la inteligencia artificial nos plantea una posibilidad inesperada: esa misma señal eléctrica puede contener información sobre enfermedades sistémicas, incluido el cáncer (1).
El estudio de Lopez Alcaraz y colaboradores, publicado en Cardio-Oncology, desarrolló un modelo de aprendizaje automático explicable capaz de identificar patrones electrocardiográficos asociados con neoplasias mediante electrocardiogramas convencionales de doce derivaciones, con validación externa independiente (1). Más allá de sus resultados, el trabajo demuestra que la inteligencia artificial puede descubrir información clínica que permanece oculta para la interpretación humana.
Este hallazgo trasciende la cardio-oncología. Marca el inicio de una nueva etapa para el acto diagnóstico. Los algoritmos comienzan a identificar señales biológicas imperceptibles para el médico, transformando estudios tradicionales en fuentes de nuevos biomarcadores digitales. Sin embargo, una predicción algorítmica no constituye un diagnóstico. Su significado depende de la integración con la historia clínica, el examen físico, los factores de riesgo, los estudios complementarios y el contexto particular de cada paciente.
Esta realidad redefine la responsabilidad profesional. Cuanto mayor sea la capacidad diagnóstica de la inteligencia artificial, mayor deberá ser la capacidad del médico para interpretar críticamente sus resultados. La tecnología amplía nuestra posibilidad de detectar enfermedad, pero no reemplaza el razonamiento clínico ni la responsabilidad sobre las decisiones.
Desde la perspectiva bioética, este avance también exige prudencia. La beneficencia impulsa el desarrollo de herramientas capaces de favorecer un diagnóstico más temprano. La no maleficencia obliga a evitar daños derivados de falsos positivos, sobrediagnósticos o decisiones prematuras. La autonomía requiere informar adecuadamente al paciente sobre el significado y las limitaciones de estas predicciones. La justicia demanda algoritmos validados en poblaciones diversas y con acceso equitativo a sus beneficios (2).
En el proyecto Custodia del acto médico en la era de la inteligencia artificial, este trabajo representa un ejemplo de la transformación que experimenta la medicina contemporánea. La inteligencia artificial continuará descubriendo información oculta en señales biológicas aparentemente simples. La responsabilidad del médico será custodiar críticamente esa información, verificar su validez, contextualizarla clínicamente y convertirla en decisiones prudentes, seguras y centradas en el paciente (3–5).
La señal eléctrica del corazón puede ayudar a predecir cáncer. Sin embargo, el verdadero desafío no consiste en desarrollar algoritmos cada vez más precisos. Consiste en preservar el juicio clínico, la responsabilidad profesional y la relación médico-paciente en una medicina donde la inteligencia artificial será un aliado cada vez más poderoso, pero nunca el sustituto del acto médico.
Referencias
(1) Lopez Alcaraz JM, Haverkamp W, Strodthoff N. Explainable machine learning for neoplasms diagnosis via electrocardiograms: an externally validated study. Cardio-Oncology. 2025;11:70. doi:10.1186/s40959-025-00370-1.
(2) World Health Organization. Ethics and Governance of Artificial Intelligence for Health. Geneva: World Health Organization; 2021.
(3) Núñez Medina TJ. De Silicon Valley al Vaticano y al escenario clínico venezolano: Custodia del acto médico en la era de la inteligencia artificial. Instituto EduCardio.
(4) Núñez Medina TJ. Del iPaciente al iDoctor: ¿quién custodiará el acto médico? Instituto EduCardio.
(5) Núñez Medina TJ. Evidencia científica generada por inteligencia artificial. Una nueva frontera para la medicina basada en evidencia. Instituto EduCardio.


