La inteligencia artificial está transformando profundamente la medicina contemporánea. También está modificando la docencia, la investigación y la gestión de la información clínica. Sus posibilidades son extraordinarias, pero sus desafíos también lo son. Por ello, necesitamos superar tanto la fascinación como el rechazo tecnológico. Necesitamos aprender a discernir.
Durante veinticinco años de ejercicio cardiológico e intervencionista, he incorporado tecnologías digitales. Más recientemente, esta experiencia se ha extendido a la cardio-oncología. En los últimos dos años, también he utilizado herramientas de inteligencia artificial. Siempre las he empleado bajo supervisión y control profesional directo. Su incorporación ha respondido a necesidades clínicas, docentes e investigativas concretas.
La IA puede organizar información y apoyar procesos de redacción. También puede facilitar síntesis, estructurar documentos y revisar su coherencia. En docencia, puede contribuir con materiales educativos y casos clínicos. En investigación, puede apoyar búsquedas, referencias y estructuración de protocolos. Sin embargo, estas posibilidades tienen límites que debemos reconocer.
Mi propia experiencia también me ha mostrado esos límites. He encontrado errores documentales, inconsistencias y formulaciones clínicamente imprecisas. También he identificado referencias bibliográficas inexistentes generadas por inteligencia artificial. Estas experiencias dejaron una enseñanza especialmente importante. La IA puede asistir en la búsqueda de la verdad, pero no responde por ella.
Por ello, toda información generada mediante IA requiere supervisión profesional. Toda referencia científica debe verificarse directamente en su fuente original. La responsabilidad clínica, documental y académica continúa perteneciendo al profesional. La herramienta puede procesar información, pero no ejerce prudencia clínica. Puede producir respuestas, pero no asumir sus consecuencias.
Esta cuestión resulta especialmente relevante dentro del acto médico. El diagnóstico, pronóstico y análisis riesgo-beneficio continúan siendo actos profesionales. También lo son la indicación terapéutica y la decisión intervencionista. La inteligencia artificial puede proporcionar información valiosa para estas decisiones. Sin embargo, no puede asumir la responsabilidad moral derivada de ellas.
Lo mismo ocurre con la docencia y la investigación médica. La IA puede ampliar extraordinariamente nuestras capacidades intelectuales y operativas. Sin embargo, también puede favorecer dependencia y pérdida del pensamiento crítico. Incluso puede comprometer la integridad académica cuando sustituye el trabajo intelectual. El desafío consiste entonces en aprovecharla sin delegar nuestras responsabilidades esenciales.
Desde esta experiencia surge una pregunta que considero inevitable: ¿la inteligencia artificial custodia o amenaza el acto médico, el profesionalismo clínico, la docencia y la investigación?
Esta pregunta orienta mi artículo publicado en EduCardio – Bioética Clínica. Allí propongo el Modelo CUSTODIA-IA como marco inicial de análisis crítico. Su propósito no consiste en rechazar la innovación tecnológica. Tampoco pretende justificar su incorporación acrítica. Busca discernir cuándo la IA fortalece verdaderamente la medicina y cuándo puede debilitarla.
Mi tesis central es sencilla. La inteligencia artificial será legítima cuando fortalezca evidencia, seguridad y dignidad humana. También deberá proteger confidencialidad, justicia, transparencia e integridad académica. Sobre todo, deberá preservar la responsabilidad profesional ante cada paciente. La eficiencia tecnológica nunca debería conseguirse sacrificando estos principios.
Custodiar tampoco significa detener el progreso tecnológico. Significa gobernarlo responsablemente desde la medicina, la bioética y el profesionalismo. El desafío no consiste solamente en construir inteligencias artificiales más poderosas. Consiste también en formar médicos capaces de utilizarlas con prudencia. La IA puede asistir el acto médico, pero no puede asumir su conciencia moral.
Artículo completo en EduCardio – Bioética Clínica:
Custodiar el acto médico en la era de la inteligencia artificial






