Ago 17, 2026 | Custodia del Acto Médico

Un código ético para el uso de la inteligencia artificial en cardiología

Resumen:

La inteligencia artificial está transformando la cardiología más allá de la práctica clínica. Su influencia alcanza la investigación, la docencia y la construcción del conocimiento médico. Interpreta señales, analiza imágenes, genera hipótesis, procesa datos y facilita nuevas formas de aprendizaje. Sin embargo, una mayor capacidad tecnológica no garantiza necesariamente un mejor quehacer médico. Un algoritmo puede predecir con precisión sin comprender las circunstancias del paciente. También puede generar información sin asegurar su validez científica o proporcionar respuestas sin favorecer verdadero aprendizaje. Por ello, predecir no equivale a decidir, generar información no significa construir conocimiento y responder no implica comprender. El desafío consiste en aprovechar estas herramientas sin delegar el juicio clínico, la deliberación, la verificación y la responsabilidad profesional. Un código ético para el uso de la inteligencia artificial en cardiología busca orientar esta transformación, establecer límites razonables y preservar la responsabilidad humana en la práctica clínica, la investigación y la docencia.

Un código ético para el uso de la inteligencia artificial en cardiología

Resumen:

La inteligencia artificial está transformando la cardiología más allá de la práctica clínica. Su influencia alcanza la investigación, la docencia y la construcción del conocimiento médico. Interpreta señales, analiza imágenes, genera hipótesis, procesa datos y facilita nuevas formas de aprendizaje. Sin embargo, una mayor capacidad tecnológica no garantiza necesariamente un mejor quehacer médico. Un algoritmo puede predecir con precisión sin comprender las circunstancias del paciente. También puede generar información sin asegurar su validez científica o proporcionar respuestas sin favorecer verdadero aprendizaje. Por ello, predecir no equivale a decidir, generar información no significa construir conocimiento y responder no implica comprender. El desafío consiste en aprovechar estas herramientas sin delegar el juicio clínico, la deliberación, la verificación y la responsabilidad profesional. Un código ético para el uso de la inteligencia artificial en cardiología busca orientar esta transformación, establecer límites razonables y preservar la responsabilidad humana en la práctica clínica, la investigación y la docencia.
Un código ético
para el uso de la inteligencia artificial
en cardiología
Principios para custodiar la práctica clínica,
la investigación y la docencia
en la era de la inteligencia artificial

Dr. Tulio José Núñez Medina

Cardiólogo Clínico e Intervencionistsa/Bioética Clínica

La inteligencia artificial ya forma parte de la cardiología. Interpreta electrocardiogramas, analiza imágenes, identifica patrones y construye modelos predictivos. También participa en investigación, docencia y producción del conocimiento médico. La pregunta, por tanto, ya no consiste en decidir si debemos utilizarla. La verdadera pregunta es bajo qué condiciones estamos dispuestos a hacerlo.

Durante años hemos evaluado las tecnologías principalmente mediante precisión, rendimiento y eficiencia. Sin embargo, estos criterios resultan insuficientes frente a sistemas capaces de influir sobre decisiones clínicas. Un algoritmo puede predecir correctamente y conducir hacia una decisión equivocada. Puede aumentar productividad sin mejorar resultados relevantes para nuestros pacientes. Incluso puede ofrecer respuestas convincentes mientras introduce errores, sesgos o conocimientos insuficientemente verificables.

Aquí aparece una frontera que la cardiología necesita reconocer. La excelencia algorítmica no equivale necesariamente al buen quehacer médico. Entre una predicción y una decisión existe un espacio donde intervienen contexto, proporcionalidad, preferencias, incertidumbre y deliberación moral. Ese espacio pertenece al acto médico y no debería desaparecer por la creciente capacidad de las máquinas.

El problema tampoco consiste solamente en mantener un médico dentro del circuito decisional. Un profesional puede aceptar automáticamente una recomendación algorítmica y continuar figurando como responsable. Estaría presente, pero habría dejado de ejercer una participación intelectualmente significativa. Por ello, supervisar no basta. Custodiar exige comprender, verificar, contextualizar, cuestionar y conservar la capacidad de rechazar.

Esta transformación alcanza además la formación de los futuros cardiólogos. Si comenzamos a delegar prematuramente búsqueda, interpretación, argumentación y síntesis, podemos formar profesionales extraordinariamente asistidos, pero progresivamente dependientes. Algo semejante ocurre con la investigación. Generar textos, referencias, análisis o hipótesis mediante inteligencia artificial obliga a preguntarnos quién verifica aquello producido y quién responde cuando resulta incorrecto.

La responsabilidad permanece inevitablemente humana. Ningún algoritmo comparecerá ante un paciente para explicar una decisión equivocada. Ningún modelo asumirá responsabilidad moral por una discriminación, una vulneración de confidencialidad o una recomendación desproporcionada. Tampoco puede responder por la evidencia científica utilizada para justificar una intervención. La capacidad de producir una respuesta no concede capacidad para responder por sus consecuencias.

Por eso necesitamos comenzar a establecer fronteras antes de que determinadas prácticas se normalicen. No para detener la innovación, sino para gobernarla. Debemos decidir qué podemos delegar, qué debemos supervisar y qué funciones profesionales nunca deberíamos abandonar. También necesitamos definir responsabilidades para docentes, investigadores, cardiólogos e instituciones.

De esta preocupación surge la propuesta de un código ético para el uso de la inteligencia artificial en cardiología. No pretende convertir la incertidumbre tecnológica en una colección rígida de prohibiciones. Propone principios para deliberar sobre dignidad, finalidad, alfabetización crítica, verificación, transparencia, responsabilidad, integridad científica, confidencialidad, justicia, supervisión y protección del juicio clínico.

La inteligencia artificial seguirá avanzando. Probablemente hará cosas que hoy todavía consideramos exclusivamente médicas. Precisamente por ello, el desafío no consiste solamente en preguntarnos qué podrá hacer la inteligencia artificial por la cardiología. Necesitamos formular una pregunta mucho más incómoda: ¿qué parte de la cardiología no estamos dispuestos a entregarle?

Ese límite no lo establecerá la tecnología por nosotros. Debemos establecerlo nosotros.