Ago 23, 2026 | Custodia del Acto Médico

Inteligencia artificial, consentimiento informado y custodia del acto médico en cardiología

Resumen.
La inteligencia artificial puede entenderse como una herramienta informática capaz de analizar información y ofrecer sugerencias al médico. Puede ayudar a interpretar un electrocardiograma, detectar una imagen anormal, calcular un riesgo o proponer un diagnóstico. Sin embargo, no conoce al paciente como lo conoce su médico y también puede equivocarse. Por eso, sus resultados nunca deben aceptarse automáticamente. Antes de utilizarlos, corresponde revisar si coinciden con la historia clínica, el examen físico y los demás estudios. Cuando la herramienta influya de manera importante en una decisión, el paciente debe saber que fue utilizada, para qué sirvió, qué limitaciones tiene y qué otras opciones existen. El consentimiento informado no requiere explicaciones técnicas complicadas, sino una conversación clara. La responsabilidad continúa siendo del médico y de la institución. Custodiar el acto médico significa usar la tecnología como apoyo, sin sustituir la experiencia, el juicio clínico, la prudencia ni la relación humana fundamental

Inteligencia artificial, consentimiento informado y custodia del acto médico en cardiología

Resumen.
La inteligencia artificial puede entenderse como una herramienta informática capaz de analizar información y ofrecer sugerencias al médico. Puede ayudar a interpretar un electrocardiograma, detectar una imagen anormal, calcular un riesgo o proponer un diagnóstico. Sin embargo, no conoce al paciente como lo conoce su médico y también puede equivocarse. Por eso, sus resultados nunca deben aceptarse automáticamente. Antes de utilizarlos, corresponde revisar si coinciden con la historia clínica, el examen físico y los demás estudios. Cuando la herramienta influya de manera importante en una decisión, el paciente debe saber que fue utilizada, para qué sirvió, qué limitaciones tiene y qué otras opciones existen. El consentimiento informado no requiere explicaciones técnicas complicadas, sino una conversación clara. La responsabilidad continúa siendo del médico y de la institución. Custodiar el acto médico significa usar la tecnología como apoyo, sin sustituir la experiencia, el juicio clínico, la prudencia ni la relación humana fundamental

Dr. Tulio José Núñez Medina

Cardiólogo Clínico e Intervencionistsa/Bioética Clínica

Introducción

La inteligencia artificial ya comienza a participar en numerosas actividades de la cardiología. Su utilización no se limita a interpretar electrocardiogramas, analizar imágenes cardiovasculares o construir modelos predictivos. También permite buscar bibliografía, organizar historias clínicas, procesar grandes cantidades de datos, transcribir consultas, resumir documentos, redactar informes y preparar materiales docentes. Incluso puede encontrarse incorporada en programas y equipos de uso cotidiano sin que el profesional identifique claramente su presencia.

Para muchos médicos, especialmente quienes desarrollaron gran parte de su ejercicio profesional antes de la informatización, estas herramientas pueden resultar distantes o difíciles de comprender. Sin embargo, no es necesario conocer programación para aproximarse críticamente a ellas. La inteligencia artificial puede entenderse como un conjunto de sistemas informáticos capaces de recibir información, reconocer patrones, ordenar datos y producir textos, clasificaciones o predicciones. Su rapidez puede ser extraordinaria, pero sus resultados no siempre son verdaderos, completos o clínicamente pertinentes.

Desde la búsqueda de información hasta la decisión clínica

La inteligencia artificial puede intervenir antes, durante y después del encuentro médico. Antes de la consulta puede organizar antecedentes, resultados de laboratorio, electrocardiogramas, ecocardiogramas y tratamientos previos. Durante la atención puede transcribir la conversación, estructurar la historia clínica y señalar información relevante. Después puede ayudar a redactar informes, resumir la evolución y ordenar los datos necesarios para el seguimiento.

También puede buscar evidencia científica, comparar documentos, procesar bases de información y apoyar actividades docentes y de investigación. Estas funciones pueden reducir tareas repetitivas y ampliar la capacidad de análisis. Sin embargo, también pueden omitir información importante, confundir datos, inventar referencias o producir afirmaciones incorrectas con apariencia de seguridad. Una redacción fluida y convincente no garantiza que su contenido sea verdadero.

Por ello, custodiar el acto médico comienza mucho antes de tomar una decisión. Una historia mal transcrita, una referencia inexistente, un resumen incompleto o un informe no verificado pueden modificar posteriormente el diagnóstico y el tratamiento. La calidad de la decisión depende también de la integridad de la información utilizada para construirla.

¿Cuándo debe informarse al paciente?

No todos los usos de inteligencia artificial requieren el mismo nivel de información. Una herramienta empleada para corregir la redacción de un texto no tiene la misma relevancia que otra utilizada para transcribir una consulta, analizar un electrocardiograma, estimar el riesgo cardiovascular o recomendar una intervención. La transparencia debe ser proporcional al tipo de información procesada y a la influencia que la tecnología ejerza sobre la atención.

Cuando la inteligencia artificial utilice datos identificables, registre la conversación o participe de manera relevante en el diagnóstico, pronóstico o tratamiento, el paciente debería conocer su utilización. La explicación no necesita incluir fórmulas, algoritmos ni detalles informáticos. Debe aclarar para qué se empleará la herramienta, cómo participará en la atención, cuáles son sus limitaciones y qué protección recibirán los datos personales.

El consentimiento informado tampoco debe convertirse en un documento defensivo destinado a trasladar al paciente la responsabilidad por una tecnología insuficientemente evaluada. La firma de un formulario no corrige los errores de un algoritmo ni legitima una recomendación inadecuada. Su verdadera finalidad continúa siendo proteger la autonomía y favorecer una decisión comprendida y compartida.

Innovación, evidencia y consentimiento

Duffourc y Cahill analizaron nueve decisiones judiciales relacionadas con la introducción de nuevas tecnologías médicas. Aunque los casos no corresponden directamente a sistemas de inteligencia artificial, permiten distinguir cuatro etapas: tecnología experimental, fase de transición, estándar asistencial y estándar de referencia. Cada etapa puede modificar la información que el paciente necesita conocer antes de decidir (1).

Cuando una herramienta permanece en fase experimental o transicional, deberían explicarse la evidencia disponible, las incertidumbres, los riesgos conocidos y desconocidos y las alternativas convencionales. Cuando una tecnología alcanza suficiente aceptación y ofrece ventajas relevantes, omitirla también podría requerir una explicación. La obligación profesional cambia conforme evoluciona la evidencia y la tecnología se integra al estándar de atención.

La orientación de la OMS

La Organización Mundial de la Salud reconoce que la inteligencia artificial puede mejorar el diagnóstico, el tratamiento, la investigación y la organización sanitaria. Sin embargo, advierte que la ética y los derechos humanos deben permanecer en el centro de su diseño y utilización. Su guía propone proteger la autonomía, promover el bienestar y la seguridad, garantizar transparencia, establecer responsabilidades, favorecer la equidad y desarrollar tecnologías sostenibles (2).

La OMS también ha formulado recomendaciones para la inteligencia artificial generativa y los grandes modelos multimodales. Estas herramientas pueden procesar textos, imágenes y otras formas de información, pero también generar respuestas falsas, sesgadas o inadecuadas. Su utilización en salud requiere supervisión humana significativa, protección de los datos, evaluación continua y responsabilidades claramente definidas (3).

La dignidad humana como límite

La encíclica Magnifica Humanitas, del papa León XIV, sitúa la dignidad de la persona como criterio fundamental ante el avance de la inteligencia artificial. La tecnología debe permanecer orientada al bien humano, la justicia, la inclusión y la protección de quienes pueden resultar más vulnerables. El progreso pierde su sentido cuando desplaza a la persona del centro o convierte la atención en un proceso deshumanizado (4).

Esta reflexión adquiere especial importancia en cardiología. El paciente no es solamente una suma de datos, una señal eléctrica, una imagen que debe clasificarse o un riesgo que puede calcularse. Es una persona con historia, valores, temores y expectativas. Ningún algoritmo puede sustituir completamente la escucha, la prudencia, la compasión y la responsabilidad moral propias de la relación clínica.

De la supervisión a la custodia

La presencia del médico frente a una computadora no garantiza una verdadera supervisión. Un profesional puede copiar automáticamente un resumen, aceptar una interpretación o firmar un informe sin revisar sus fundamentos. Continuaría figurando como responsable, pero habría cedido silenciosamente parte de su participación intelectual.

Desde el proyecto «Custodia del acto médico en la era de la inteligencia artificial», custodiar significa comprender qué función cumple la tecnología, verificar sus resultados, proteger los datos, reconocer errores y conservar la capacidad de modificar o rechazar aquello que produce. Esta responsabilidad comprende todo el recorrido de la información: búsqueda, selección, organización, transcripción, interpretación, redacción, comunicación y decisión clínica (5–7).

El Código ético para el uso de la inteligencia artificial en cardiología permite resumir algunas diferencias fundamentales: buscar no equivale a encontrar evidencia válida; resumir no significa comprender; redactar no implica asumir autoría; predecir no equivale a decidir. La inteligencia artificial puede ampliar las capacidades del cardiólogo, pero no puede responder moralmente por sus consecuencias (7).

Custodiar el acto médico significa gobernar la tecnología desde el primer dato incorporado hasta la decisión finalmente explicada al paciente. La inteligencia artificial puede colaborar durante todo ese recorrido. Sin embargo, el juicio clínico, la prudencia, la responsabilidad profesional y la relación humana deben permanecer bajo custodia médica.

Referencias

    1. Duffourc MN, Cahill RA. Legal implications of AI standard of care integration on patients’ informed consent: lessons from surgery. npj Digital Medicine. 2026;9:4. https://www.nature.com/articles/s41746-025-02157-1
    2. Organización Mundial de la Salud. Ethics and governance of artificial intelligence for health: WHO guidance. Ginebra: OMS; 2021. https://www.who.int/publications/i/item/9789240029200
    3. Organización Mundial de la Salud. Ethics and governance of artificial intelligence for health: guidance on large multi-modal models. Ginebra: OMS; 2024. https://www.who.int/publications/i/item/9789240084759
    4. León XIV. Carta encíclica Magnifica Humanitas. Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Santa Sede; 15 de mayo de 2026. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
    5. Núñez Medina TJ. Custodiar el acto médico en la era de la inteligencia artificial. De la supervisión humana a la custodia del acto médico: una lectura clínica de la guía de la OMS. Instituto Educardio; 2026.
    6. Núñez Medina TJ. Inteligencia artificial en el acto médico: entre el poder tecnológico y la sabiduría para utilizarlo. Instituto Educardio; 2026. https://institutoeducardio.net/inteligencia-artificial-acto-medico/
    7. Núñez Medina TJ. Un código ético para el uso de la inteligencia artificial en cardiología. Instituto Educardio; 2026. https://institutoeducardio.net/un-codigo-etico-para-el-uso-de-la-inteligencia-artificial-en-cardiologia/