Día Mundial del Corazón 2026. Cuidar el corazón de nuestra gente

Resumen

Este 29 de septiembre, Día Mundial del Corazón, Venezuela atraviesa su propia policrisis, marcada por la convergencia de dificultades políticas, económicas, sociales, sanitarias, ambientales y de servicios esenciales.

Durante 2026, esta realidad se ha visto acentuada por acontecimientos de particular trascendencia, sobre un escenario de vulnerabilidades acumuladas, entre ellas la crisis de energía eléctrica, especialmente relevante para hospitales y servicios cardiovasculares que requieren suministro continuo y confiable.

En este contexto, hablar del corazón significa hablar también del corazón de Venezuela: nuestra gente, nuestra población. Proteger su salud trasciende la prevención de hipertensión, diabetes, obesidad y enfermedad cardiovascular.

Implica garantizar servicios esenciales, fortalecer instituciones, reducir desigualdades y promover dignidad, derechos humanos, libertades fundamentales y convivencia democrática, dimensiones vinculadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Frente a la policrisis necesitamos recuperar capacidades, conectarlas y construir propósitos comunes. El corazón humano necesita energía, integración, comunicación y coordinación para mantener la vida. Venezuela también. Cuidar su corazón significa cuidar a nuestra gente y construir juntos su futuro.

Día Mundial del Corazón 2026. Cuidar el corazón de nuestra gente

Resumen

Este 29 de septiembre, Día Mundial del Corazón, Venezuela atraviesa su propia policrisis, marcada por la convergencia de dificultades políticas, económicas, sociales, sanitarias, ambientales y de servicios esenciales.

Durante 2026, esta realidad se ha visto acentuada por acontecimientos de particular trascendencia, sobre un escenario de vulnerabilidades acumuladas, entre ellas la crisis de energía eléctrica, especialmente relevante para hospitales y servicios cardiovasculares que requieren suministro continuo y confiable.

En este contexto, hablar del corazón significa hablar también del corazón de Venezuela: nuestra gente, nuestra población. Proteger su salud trasciende la prevención de hipertensión, diabetes, obesidad y enfermedad cardiovascular.

Implica garantizar servicios esenciales, fortalecer instituciones, reducir desigualdades y promover dignidad, derechos humanos, libertades fundamentales y convivencia democrática, dimensiones vinculadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Frente a la policrisis necesitamos recuperar capacidades, conectarlas y construir propósitos comunes. El corazón humano necesita energía, integración, comunicación y coordinación para mantener la vida. Venezuela también. Cuidar su corazón significa cuidar a nuestra gente y construir juntos su futuro.

29 de septiembre de 2026

Introducción

Cada 29 de septiembre, la Federación Mundial del Corazón promueve el Día Mundial del Corazón, una oportunidad para recordar que las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo y que una proporción importante de esta carga puede prevenirse mediante control de factores de riesgo, diagnóstico oportuno, tratamiento adecuado y políticas públicas orientadas a la salud cardiovascular (1,2).

En Venezuela, esta conmemoración adquiere en 2026 un significado particular. Nuestro país atraviesa su propia policrisis, caracterizada por la convergencia de dificultades políticas, económicas, sociales, sanitarias, ambientales y de servicios esenciales. Durante este año, esta realidad se ha visto acentuada por acontecimientos de particular trascendencia, sobre un escenario de vulnerabilidades acumuladas. Las limitaciones del sistema eléctrico constituyen uno de esos problemas estructurales y condicionan tanto la actividad económica como el funcionamiento de servicios esenciales (3).

Por ello, este Día Mundial del Corazón quisiera hablar no solamente del órgano que estudiamos quienes ejercemos la cardiología. Quisiera hablar también del corazón de Venezuela: nuestra gente, nuestra población.

Cuando la policrisis llega al corazón

La enfermedad cardiovascular no ocurre independientemente del entorno. Hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo, obesidad, sedentarismo y alteraciones del perfil lipídico mantienen su importancia, pero prevenir y tratar adecuadamente estas condiciones requiere medicamentos, alimentación saludable, transporte, electricidad, agua, comunicaciones y servicios sanitarios accesibles.

La energía eléctrica constituye un ejemplo particularmente evidente. Un hospital moderno depende de suministro continuo para unidades de cuidados intensivos, quirófanos, laboratorios, diagnóstico por imágenes, bancos de sangre, sistemas de información y unidades de cardiología intervencionista. La confiabilidad energética no es, por tanto, un problema periférico de la medicina: constituye una condición necesaria para garantizar seguridad y continuidad asistencial.

La policrisis obliga así a comprender la salud desde una perspectiva más amplia. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible reconocen precisamente esta interdependencia entre salud, pobreza, educación, energía, infraestructura, reducción de desigualdades, instituciones y desarrollo sostenible (4). Cuidar el corazón exige actuar sobre factores de riesgo individuales, pero también sobre las condiciones que permiten a nuestra población vivir y recibir atención con dignidad.

El corazón de Venezuela es nuestra gente

Un país no puede comprenderse solamente por su territorio, instituciones o recursos. Su verdadero centro son las personas. Quienes permanecen en Venezuela, quienes emigraron y continúan vinculados con sus familias, quienes regresan, quienes trabajan, estudian, enseñan, emprenden y cuidan forman parte de una misma sociedad cuya salud constituye un patrimonio colectivo.

Desde esta perspectiva, salud y dignidad resultan inseparables. Derechos humanos, libertades fundamentales, convivencia democrática, instituciones responsables y servicios públicos confiables forman parte de las condiciones necesarias para construir una sociedad capaz de proteger a sus ciudadanos. La Agenda 2030 reconoce esa relación entre salud, desarrollo, reducción de desigualdades e instituciones inclusivas (4).

Esto adquiere especial significado en una sociedad que necesita recuperar espacios de encuentro. Unidad nacional no significa uniformidad de pensamiento. Significa reconocer diferencias legítimas y, al mismo tiempo, construir propósitos compartidos. Proteger la vida, mejorar la salud y garantizar atención sanitaria pueden constituir algunos de esos espacios comunes.

Pensar diferente: ¿qué pasaría si conectáramos lo que tenemos?

Frente a una policrisis resulta fácil concentrarnos exclusivamente en aquello que falta. Sin desconocer esas carencias, el pensamiento disruptivo propuesto por Luke Williams invita a cuestionar paradigmas mediante una pregunta sencilla: ¿qué pasaría si…? (5).

¿Qué pasaría si comenzáramos por reconocer y conectar las capacidades que Venezuela todavía posee?

Existen universidades, hospitales públicos, clínicas privadas, profesionales de medicina y enfermería, sociedades científicas, centros cardiovasculares, organizaciones comunitarias y herramientas digitales. El problema no siempre consiste exclusivamente en su insuficiencia; también puede encontrarse en su fragmentación.

Una transformación posible sería avanzar progresivamente hacia una Red Corazón Venezuela, capaz de conectar comunidad, atención primaria, hospitales, centros especializados, rehabilitación y seguimiento. Telecardiología, electrocardiografía digital e inteligencia artificial podrían ampliar estas capacidades, particularmente donde el acceso especializado resulta limitado. La tecnología, sin embargo, debe permanecer subordinada a evidencia, seguridad, equidad, confidencialidad y responsabilidad profesional.

Reconstruir también significa cuidar

La reconstrucción de Venezuela no debería entenderse únicamente como recuperación de infraestructura. Significa recuperar servicios esenciales, fortalecer instituciones, preservar talento humano, conectar capacidades y reconstruir confianza entre ciudadanos.

En salud cardiovascular podemos comenzar con objetivos concretos: conocer y controlar mejor la presión arterial de nuestra población, establecer rutas para atención del infarto, conectar centros mediante telecardiología, garantizar continuidad después del alta y medir resultados. No necesitamos esperar condiciones perfectas para iniciar experiencias locales, evaluarlas, corregirlas y extender aquellas que demuestren utilidad.

Este 29 de septiembre, el Día Mundial del Corazón puede invitarnos a mirar el corazón desde una perspectiva de mayor calado. Cuidarlo significa prevenir enfermedad cardiovascular, pero también construir condiciones para que nuestra gente pueda vivir con salud, dignidad y esperanza.

El corazón humano necesita energía, comunicación, integración y coordinación para mantener la vida. Venezuela necesita también recuperar esas capacidades.

Quizá la pregunta para este Día Mundial del Corazón sea entonces: ¿qué pasaría si comenzáramos a reconstruir Venezuela desde aquello que todavía podemos hacer juntos?

Cuidar el corazón de Venezuela significa, ante todo, cuidar a nuestra gente.

Referencias

  1. World Heart Federation. World Heart Day 2026. Geneva: World Heart Federation; 2026.
  2. World Health Organization. Cardiovascular diseases (CVDs). Geneva: WHO.
  3. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Desempeño Macroeconómico de Venezuela. Primer semestre de 2026. Caracas: PNUD; 2026.
  4. Naciones Unidas. Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Nueva York: Naciones Unidas; 2015.
  5. Williams L. Disrupt: Think the Unthinkable to Spark Transformation in Your Business. Upper Saddle River, NJ: FT Press; 2011.