Oct 25, 2025 | Bioética Clínica

Día Mundial de la Bioética Clínica: del conflicto institucional a la sanación ética

En numerosos servicios hospitalarios contemporáneos se manifiesta una patología moral silenciosa: la desintegración de la virtud. Allí donde la técnica domina y la emoción gobierna sin razón, la excelencia profesional se disuelve en rivalidades, egos y silencios cómplices. Se pierde así la razón de ser de la práctica médica, que debería orientarse al bienestar del paciente, y se sustituye por el beneficio personal o el interés corporativo. Esta enfermedad institucional no se detecta con análisis clínicos, sino con síntomas éticos: falta de humildad, ausencia de justicia, pérdida de prudencia y debilitamiento de la solidaridad.En el Día Mundial de la Bioética Clínica, esta reflexión adquiere urgencia. No basta con celebrar principios universales; es necesario curar las instituciones enfermas de indiferencia moral. La bioética clínica, entendida como terapia moral aplicada, ofrece el antídoto: deliberar antes de decidir, escuchar antes de imponer y servir antes de mandar. Tal como enseña Diego Gracia, la deliberación prudente permite “pensar juntos el bien posible”, y según Pellegrino, la virtud es el alma de toda práctica médica.El liderazgo sensato de Finizola y la bioética cotidiana de D’Empaire muestran que los servicios de salud se regeneran cuando sustituyen la jerarquía autoritaria por la deliberación ética y el miedo por la solidaridad.La canonización de José Gregorio Hernández, celebrada hoy 19 de octubre de 2025, en coincidencia con el Día Mundial de la Bioética, simboliza la unión entre ciencia y virtud, entre razón y compasión. Su legado recuerda que la medicina no puede ser ciencia del bien sin médicos buenos, ni institución sana sin líderes virtuosos. La bioética clínica es hoy la medicina del alma de los servicios de salud, capaz de sanar lo que la técnica, por sí sola, no puede.

Día Mundial de la Bioética Clínica: del conflicto institucional a la sanación ética

En numerosos servicios hospitalarios contemporáneos se manifiesta una patología moral silenciosa: la desintegración de la virtud. Allí donde la técnica domina y la emoción gobierna sin razón, la excelencia profesional se disuelve en rivalidades, egos y silencios cómplices. Se pierde así la razón de ser de la práctica médica, que debería orientarse al bienestar del paciente, y se sustituye por el beneficio personal o el interés corporativo. Esta enfermedad institucional no se detecta con análisis clínicos, sino con síntomas éticos: falta de humildad, ausencia de justicia, pérdida de prudencia y debilitamiento de la solidaridad.En el Día Mundial de la Bioética Clínica, esta reflexión adquiere urgencia. No basta con celebrar principios universales; es necesario curar las instituciones enfermas de indiferencia moral. La bioética clínica, entendida como terapia moral aplicada, ofrece el antídoto: deliberar antes de decidir, escuchar antes de imponer y servir antes de mandar. Tal como enseña Diego Gracia, la deliberación prudente permite “pensar juntos el bien posible”, y según Pellegrino, la virtud es el alma de toda práctica médica.El liderazgo sensato de Finizola y la bioética cotidiana de D’Empaire muestran que los servicios de salud se regeneran cuando sustituyen la jerarquía autoritaria por la deliberación ética y el miedo por la solidaridad.La canonización de José Gregorio Hernández, celebrada hoy 19 de octubre de 2025, en coincidencia con el Día Mundial de la Bioética, simboliza la unión entre ciencia y virtud, entre razón y compasión. Su legado recuerda que la medicina no puede ser ciencia del bien sin médicos buenos, ni institución sana sin líderes virtuosos. La bioética clínica es hoy la medicina del alma de los servicios de salud, capaz de sanar lo que la técnica, por sí sola, no puede.

Resumen

El presente artículo, elaborado en el marco del Día Mundial de la Bioética Clínica, reflexiona sobre la responsabilidad social de la bioética como herramienta de sanación moral de las instituciones de salud. A partir del estudio de un caso real, se analizan los factores psicológicos, éticos y organizacionales que generan disfunciones en los servicios sanitarios, y se proponen las virtudes deliberativas y solidarias como camino hacia la reconstrucción de la confianza profesional. Se integran las perspectivas de la psicología organizacional, la ética de las virtudes (Pellegrino y Thomasma), los principios de la UNESCO (2005), el liderazgo sensato de Finizola, la bioética del día a día de D’Empaire, y el paradigma josegregoriano —confirmado por el Índice de Convergencia Moral (ICM = 0,74)— como modelo de excelencia moral en la medicina contemporánea.Se concluye que la bioética clínica no es una disciplina teórica, sino una medicina del alma institucional, capaz de restaurar la coherencia moral de los servicios de salud mediante la deliberación prudente, el liderazgo virtuoso y la solidaridad profesional.

Palabras clave: Bioética clínica; ética institucional; liderazgo prudente; José Gregorio Hernández; virtud médica; solidaridad; UNESCO; deliberación moral.

Introducción

El Día Mundial de la Bioética Clínica constituye una oportunidad para reflexionar sobre la función restauradora de la ética en la medicina contemporánea y en la gobernanza de los servicios de salud. Más que una conmemoración simbólica, esta fecha —instituida por la UNESCO en 2005— reafirma que toda práctica científica, docente o asistencial debe orientarse por los principios de dignidad humana, autonomía, justicia, beneficencia, solidaridad y responsabilidad social (1). Estos principios expresan el compromiso de la comunidad científica con la protección integral de la persona y el bien común.En la actualidad, caracterizada por crisis institucionales, inequidad y pérdida de confianza, la bioética clínica se concibe como una terapia moral aplicada, cuyo fin no es solo resolver dilemas individuales, sino sanar el tejido ético de las instituciones. Tal como subraya Diego Gracia (2), la bioética es un método de deliberación prudente que permite “pensar con otros el bien posible”.

Gabriel y María Eugenia D’Empaire (3) sostienen que la bioética clínica del día a día tiene un papel formativo y sanador: humanizar el acto médico y acompañar las decisiones con compasión y justicia. La bioética no se limita a comités o manuales, sino que debe impregnar la cultura institucional.En el ámbito de la gerencia sanitaria, Bartolomé Finizola Celli (4) recuerda que “la dirección en salud es ante todo un acto moral”, sustentado en constancia, sensatez y equilibrio emocional. Cuando estas virtudes se pierden, los servicios caen en una patología organizacional dominada por el autoritarismo y la emocionalidad reactiva.

La ética de las virtudes de Pellegrino y Thomasma (5) ofrece un marco clínico complementario: la medicina es una comunidad moral, y su excelencia técnica solo adquiere sentido cuando está guiada por la humildad y la justicia.De forma convergente, Carlos Eduardo Guédez (6) advierte que la confiabilidad institucional depende de la coherencia entre valores y conductas.En el plano operativo, Tulio José Núñez Medina (7) señala que la emocionalidad no gobernada y la falta de deliberación racional pueden enfermar un servicio, distorsionar la justicia y lesionar la dignidad profesional.Sawyer et al. (8) proponen un marco contemporáneo de competencias bioéticas y milestones orientado a profesionalizar la deliberación moral en los hospitales.

El Royal College of Physicians (9), en su informe Doctors in Society, denuncia la crisis del profesionalismo médico y exige la restauración de la virtud como base de la confianza pública.Finalmente, la figura de José Gregorio Hernández, canonizado hoy 19 de octubre de 2025, representa la síntesis entre ciencia, virtud y solidaridad. Según la revisión sistemática de Núñez Medina (10), su modelo de convergencia moral (ICM = 0,74) constituye una guía de excelencia ética aplicable a la práctica clínica y a la dirección institucional.

La bioética clínica, inspirada en este paradigma, no solo resuelve dilemas: reconcilia la razón, la emoción y la virtud en favor del bien común.

Significado del Día Mundial de la Bioética Clínica

El 19 de octubre, Día Mundial de la Bioética, conmemora la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de la UNESCO (1). Este documento afirma que el progreso científico solo es legítimo si está orientado por la dignidad humana, la solidaridad y la justicia social.Más que una efeméride, la fecha constituye una llamada global a la conciencia moral. La bioética, nacida como respuesta a los abusos de la ciencia, enfrenta hoy un nuevo desafío: curar el desgaste moral de las instituciones.El Royal College of Physicians (9) describió la pérdida del profesionalismo como causa de la crisis de confianza entre médicos y sociedad. La bioética clínica, al reivindicar la prudencia, la equidad y la compasión, se convierte en la vía de restauración de esa confianza.

En América Latina, Finizola Celli (4) subraya que el liderazgo en salud es un equilibrio moral entre autoridad y servicio. Celebrar el Día Mundial de la Bioética implica, entonces, deliberar colectivamente sobre la justicia institucional y los valores que orientan las decisiones.La figura de José Gregorio Hernández, canonizado en este mismo día, ilumina este sentido. Su vida fue una escuela de virtud, y su canonización representa la unión simbólica entre ciencia, compasión y prudencia, que es la esencia de la bioética clínica.

El conflicto moral institucional: cuando la organización enferma

En un servicio hospitalario de alta complejidad se observa un conflicto persistente: rivalidades personales, uso del poder simbólico y ausencia de mediación ética. Un profesional joven, competente , es excluido de oportunidades académicas por decisiones motivadas más por afinidades personales que por mérito. La jefatura evita intervenir y la coordinación académica reacciona emocionalmente, reforzando la división.

Este escenario refleja una patología moral institucional, donde la autoridad se divorcia del ejemplo. Según Finizola (4), las instituciones enferman cuando la emoción sustituye a la razón.A la luz de la UNESCO (1), se vulneran los principios de justicia, autonomía, no maleficencia y solidaridad. La exclusión injustificada, el favoritismo y la inacción directiva lesionan la dignidad del profesional y el clima moral del servicio.La ética de las virtudes (5) revela el núcleo del problema: la pérdida de humildad, justicia, coraje y prudencia. Sin virtud, la jerarquía se convierte en dominio y la eficiencia técnica en soberbia.

Las virtudes josegregorianas, analizadas por Núñez Medina (10), ofrecen un antídoto: caridad, humildad, justicia social e integridad profesional. Aplicadas a la organización, estas virtudes restablecen la armonía entre razón, emoción y servicio.La deliberación ética (2,3) es el tratamiento. Crear espacios de diálogo plural permite pasar del conflicto al discernimiento. Así, la bioética se convierte en terapia institucional, y la prudencia, en instrumento de gobernanza moral.

El animal deliberante y la praxis moral en los servicios de salud

Aristóteles definió al ser humano como zoon bouleutikon: animal deliberante.
En medicina, esta capacidad se traduce en la deliberación moral, que equilibra emoción y razón. Gracia (2) enseña que deliberar no es discutir, sino pensar juntos el bien posible.Los servicios de salud que aprenden a deliberar éticamente desarrollan una inteligencia moral colectiva, capaz de transformar el conflicto en aprendizaje.
Finizola (4) llama a esta práctica liderazgo sensato: saber detenerse, escuchar y decidir con prudencia.

Sawyer et al. (8) proponen que la deliberación se enseñe como competencia profesional: escucha activa, razonamiento prudente, comunicación empática y reflexión institucional. Estas destrezas conforman los milestones bioéticos del profesional del futuro.La figura de José Gregorio Hernández encarna esta praxis. Su vida fue deliberación continua entre ciencia y compasión. Su método espiritual —observar, reflexionar, decidir con bondad— define la deliberación virtuosa: decidir buscando siempre el bien del otro.La madurez de una institución se mide por su capacidad de deliberar colectivamente. Cuando los hospitales documentan, justifican y comparten sus decisiones, generan trazabilidad ética (7), garantía de confianza social y transparencia moral.

 José Gregorio Hernández: modelo del médico virtuoso del siglo XXI

El médico venezolano José Gregorio Hernández Cisneros (1864–1919), canonizado hoy 19 de octubre de 2025, en coincidencia providencial con el Día Mundial de la Bioética Clínica, se erige como un símbolo universal de esperanza moral para la medicina contemporánea.Según la revisión sistemática y metaanálisis de Núñez Medina (10), las virtudes de caridad (91 %), humildad (76 %), justicia social (68 %), integridad profesional (59 %) y responsabilidad cívica (54 %) conforman el núcleo ético del modelo josegregoriano, con un Índice de Convergencia Moral (ICM = 0,74) que evidencia alta coherencia entre las virtudes cardinales, profesionales y espirituales.

Estas virtudes encarnan el equilibrio moral que la bioética busca restaurar:

  • Prudencia: pensar antes de actuar.
  • Justicia: servir sin favoritismos.
  • Fortaleza: perseverar ante la adversidad.
  • Templanza: moderar el poder con humildad.

Su profesionalismo —basado en responsabilidad, veracidad y competencia— coincide con el nuevo profesionalismo médico descrito por el Royal College of Physicians (9).Sus virtudes espirituales —caridad, servicio, fraternidad— reflejan la solidaridad proclamada por la UNESCO (1).En José Gregorio Hernández convergen Gracia, Finizola y D’Empaire: prudencia deliberativa, liderazgo sensato y ética compasiva. Su canonización no solo exalta su santidad, sino que propone una bioética vivida, capaz de humanizar la ciencia y moralizar las instituciones.

Hacia la sanación ética institucional: liderazgo sensato y virtud deliberativa

La sanación ética de los servicios de salud requiere liderazgos prudentes y deliberativos.
Finizola (4) define el liderazgo sensato como un acto de equilibrio emocional y moral: dirigir con constancia, empatía y justicia.Gracia (2) añade la deliberación como virtud rectora: escuchar antes de decidir y razonar antes de imponer.
D’Empaire (3) la traduce en práctica cotidiana: “no se trata de imponer verdades, sino de acompañar procesos humanos”.Inspirado en José Gregorio Hernández, el liderazgo bioético se funda en la coherencia moral: autoridad sin soberbia, poder sin dominación, ciencia sin deshumanización.
Según Núñez Medina (10), la humildad, la justicia social y la compasión son virtudes estructurales del liderazgo moral y antídotos frente al autoritarismo organizacional.

La bioética institucional ofrece una terapia en tres pasos:

  1. Diagnóstico moral: identificar las disfunciones éticas.
  2. Deliberación compartida: crear espacios de diálogo prudente.
  3. Trazabilidad ética: documentar y justificar las decisiones.

Así, la bioética clínica se convierte en una medicina del alma institucional, donde la prudencia y la solidaridad son los verdaderos fármacos del sistema.

Conclusiones generales

El 19 de octubre de 2025 marca una convergencia histórica: el Día Mundial de la Bioética y la canonización de José Gregorio Hernández, símbolo del médico virtuoso y del liderazgo prudente.La bioética clínica emerge como la nueva medicina moral de las instituciones.Su tarea no es sancionar, sino sanar; no imponer, sino deliberar; no administrar poder, sino cultivar virtud.

Cuando los servicios de salud adoptan la deliberación ética como práctica habitual, restauran su alma moral y su credibilidad social. La verdadera calidad asistencial no se mide solo en indicadores técnicos, sino en el grado de justicia, humildad y solidaridad que se respira en sus pasillos.El legado de José Gregorio Hernández, confirmado por el metaanálisis moral (10), recuerda que la ciencia sin virtud deshumaniza y que la ética sin acción se vuelve estéril.

El futuro de la medicina, por tanto, depende de una alianza entre razón y compasión, entre conocimiento y servicio.


Allí donde la técnica fragmenta, la virtud une.
Allí donde la jerarquía oprime, la humildad libera.
Allí donde el poder divide, la deliberación sana.

En este día en que el mundo celebra la bioética y Venezuela eleva a los altares a su médico de los pobres, la enseñanza es clara: solo una medicina deliberativa, prudente y solidaria podrá sanar las heridas del siglo XXI.

Referencias

  1. UNESCO. Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos. París: UNESCO; 2005.
  2. Gracia D. La deliberación moral: el método de la ética clínica. Madrid: Triacastela; 2011.
  3. D’Empaire Yanes G, F de D’Empaire ME. En busca de una medicina más humana: bioética clínica del día a día. Caracas: Dr. Igor’s Palacios Society; 2020.
  4. Finizola Celli B. Reflexiones sobre gerencia de la salud. Maracaibo: Ediciones de la Universidad del Zulia; 2004.
  5. Pellegrino ED, Thomasma DC. For the Patient’s Good: The Restoration of Beneficence in Health Care. New York: Oxford University Press; 1988.
  6. Guédez C. Ser confiable: responsabilidad social y reputación empresarial. Caracas: Planeta; 2015.
  7. Núñez Medina TJ. De la decisión emocional a la deliberación bioética: el camino a la dignidad en la gestión de los servicios de salud. Mérida: Instituto Educardio; 2025.
  8. Sawyer KE, Dundas N, Snyder A, Diekema DS. Competencies and Milestones for Bioethics Trainees: Beyond ASBH’s Healthcare Ethics Consultant Certification and Core Competencies. J Clin Ethics. 2021;32(2):127–148.
  9. Royal College of Physicians. Doctors in Society: Medical Professionalism in a Changing World. London: RCP; 2005.
  10. Núñez Medina TJ. José Gregorio Hernández y el médico virtuoso del siglo XXI: revisión sistemática y metaanálisis de las virtudes teologales, cardinales, humanas y cívico-profesionales. Mérida: Instituto de Investigaciones Cardiovasculares, Universidad de Los Andes; 2025.