Ago 28, 2025 | Bioética Clínica

El exhibicionismo médico en la era del marketing digital

El auge del marketing digital ha colocado a la medicina ante un dilema moral ineludible. Rifas, concursos, bailes, lenguaje sensacionalista y el culto a la personalidad de especialistas convertidos en “dioses” representan un exhibicionismo incompatible con la dignidad profesional. Luis Razetti ya advertía contra la vanidad y el charlatanismo, pidiendo a los médicos “huir del industrialismo médico”. Hoy, la Federación Médica Venezolana, por voz de Ángela Cruz de Quintero, denuncia que “los médicos no deben publicar en redes como si vendieran un saco de papas”, anunciando sanciones disciplinarias. La bioética contemporánea, con Pellegrino y Thomasma, recuerda que la medicina es una comunidad moral guiada por virtudes: fidelidad, prudencia, compasión e integridad. El Instituto Educardio advierte que la popularidad en redes no certifica competencia clínica. Frente a este panorama, la respuesta no es el silencio, sino la virtud: ser visibles sin ser exhibicionistas, influyentes sin perder la integridad, servidores sin mercantilizar la medicina.

El exhibicionismo médico en la era del marketing digital

El auge del marketing digital ha colocado a la medicina ante un dilema moral ineludible. Rifas, concursos, bailes, lenguaje sensacionalista y el culto a la personalidad de especialistas convertidos en “dioses” representan un exhibicionismo incompatible con la dignidad profesional. Luis Razetti ya advertía contra la vanidad y el charlatanismo, pidiendo a los médicos “huir del industrialismo médico”. Hoy, la Federación Médica Venezolana, por voz de Ángela Cruz de Quintero, denuncia que “los médicos no deben publicar en redes como si vendieran un saco de papas”, anunciando sanciones disciplinarias. La bioética contemporánea, con Pellegrino y Thomasma, recuerda que la medicina es una comunidad moral guiada por virtudes: fidelidad, prudencia, compasión e integridad. El Instituto Educardio advierte que la popularidad en redes no certifica competencia clínica. Frente a este panorama, la respuesta no es el silencio, sino la virtud: ser visibles sin ser exhibicionistas, influyentes sin perder la integridad, servidores sin mercantilizar la medicina.

Resumen

El auge del marketing digital ha colocado a la medicina en un escenario de tensiones éticas sin precedentes. La utilización de redes sociales para promocionar servicios médicos mediante rifas, concursos, bailes y espectáculos ha dado origen a un fenómeno de exhibicionismo profesional que banaliza la práctica, degrada la relación médico-paciente y erosiona la confianza social. Más grave aún, este proceso se acompaña del culto a la personalidad, que convierte a algunos especialistas en figuras casi divinas, alejándolos de la modestia y la sobriedad que históricamente han definido el carácter médico.

Luis Razetti, en La Moral Médica, advirtió hace más de setenta años contra la vanidad y el charlatanismo, reclamando preservar la dignidad y huir del “industrialismo médico”. Hoy, la Federación Médica Venezolana, a través de la doctora Ángela Cruz de Quintero, insiste en que «los médicos no deben publicar en redes como si vendieran un saco de papas», advirtiendo sanciones disciplinarias.

Por su parte, la bioética contemporánea —con Edmund Pellegrino y David Thomasma— recuerda que la medicina es una comunidad moral guiada por virtudes: fidelidad, prudencia, compasión e integridad. El Instituto Educardio refuerza que la popularidad digital nunca podrá sustituir la certificación profesional.

En conclusión, la medicina debe habitar la era digital con ética, sobriedad y responsabilidad social, siendo visible sin ser exhibicionista e influyente sin perder su esencia moral.

Introducción

La medicina, desde sus orígenes, ha estado marcada por una profunda dimensión moral. El acto médico no es solamente la aplicación técnica de un saber, sino un compromiso con la dignidad del paciente y con la sociedad a la que el médico sirve. Sin embargo, en el siglo XXI, este compromiso enfrenta nuevos dilemas, derivados del auge del marketing digital aplicado a la práctica médica.

Las redes sociales, que inicialmente fueron concebidas como espacios de interacción personal, se han convertido en escenarios donde médicos difunden información, promocionan servicios y construyen su imagen pública. Este fenómeno ofrece oportunidades para la educación en salud, la promoción de estilos de vida saludables y el acercamiento a la comunidad, pero también ha dado origen a riesgos significativos: la banalización de la medicina, la reducción de la atención sanitaria a mercancía y la consolidación de un preocupante exhibicionismo profesional (1,2).

Ya en 2001, la Gaceta Médica de Caracas advertía que el exhibicionismo médico —expresado en la sobreexposición de casos clínicos, la autopromoción excesiva o la búsqueda desmedida de notoriedad— constituye una conducta contraria a la ética profesional (3). En la actualidad, voces críticas denuncian que algunos colegas se muestran en redes sociales “como si vendieran sacos de papas”, trivializando la medicina y degradando la relación médico-paciente (4).

Este panorama contrasta con las enseñanzas de Luis Razetti, quien en La Moral Médica (1951) subrayaba la modestia, la prudencia y la dignidad como virtudes cardinales del médico, advirtiendo sobre los peligros de la vanidad y el charlatanismo (5). También se distancia de la visión de Pellegrino y Thomasma, quienes recordaron que la medicina no es un mercado, sino una comunidad moral que debe guiarse por virtudes como la fidelidad a la confianza, la compasión y la prudencia (1,6).

En este contexto, el exhibicionismo médico digital emerge como uno de los dilemas morales más urgentes de la práctica contemporánea, planteando la pregunta de fondo: ¿cómo estar presentes en la era digital sin traicionar la esencia ética de la medicina?

Marco teórico: las virtudes médicas frente al exhibicionismo digital

La ética médica contemporánea ha experimentado un giro importante desde el predominio de los principios y reglas hacia una recuperación de la ética de las virtudes. En este enfoque, lo esencial no es únicamente la norma que rige la acción, sino el carácter del médico que la ejecuta. Como señalan Edmund Pellegrino y David Thomasma, la medicina es, en esencia, una comunidad moral, y su credibilidad social depende de las virtudes practicadas por sus miembros (1,6).

Las virtudes que delinean al buen médico no son adornos opcionales, sino disposiciones fundamentales para garantizar el fin propio de la medicina: el cuidado del enfermo y la búsqueda del bien del paciente. Entre ellas destacan:

  • Fidelidad a la confianza: el paciente se entrega en vulnerabilidad y espera que su intimidad no sea instrumentalizada para el lucimiento del médico. Publicar imágenes, procedimientos o testimonios sin contexto adecuado constituye una traición a esa confianza (1,6).
  • Compasión: implica reconocer y compartir el sufrimiento del paciente. Es incompatible con la banalización de la enfermedad en videos superficiales o en espectáculos digitales que reducen la experiencia del dolor humano a recurso de mercadeo (1).
  • Prudencia (phronesis): es la virtud práctica por excelencia. Permite discernir qué debe comunicarse, cómo y en qué medida, evitando la difusión irresponsable de información médica o el uso de un lenguaje sensacionalista que prometa “milagros” o “curaciones” inmediatas (6,8).
  • Integridad y autoefacement: el médico debe ser capaz de descentralizarse a sí mismo, colocando al paciente y a la comunidad en el centro de su quehacer. La exaltación desmedida del especialista como “estrella” o “dios” de la medicina constituye la negación de esta virtud (1,5).

En este sentido, el exhibicionismo médico digital se revela como la antítesis de las virtudes profesionales. La búsqueda de notoriedad a través de rifas, bailes o concursos en redes sociales no solo degrada la dignidad del médico, sino que introduce un culto a la personalidad que rompe el equilibrio de la relación médico-paciente, desplazando la centralidad del enfermo por la imagen del profesional.

Este problema no se limita al comportamiento, sino también al lenguaje. Como advierte Gary Schweitzer, el periodismo biomédico debe evitar expresiones como curación, milagro, promesa, dramático, esperanza o víctima, ya que alimentan expectativas falsas y refuerzan una cultura de espectáculo en salud (8). Al amplificarse en redes sociales, este lenguaje se convierte en una forma más de exhibicionismo, disfrazado de comunicación científica.

De esta manera, tanto la tradición razettiana —que reclamaba modestia y dignidad— como la bioética de las virtudes de Pellegrino y Thomasma —que reclama fidelidad, compasión y prudencia— constituyen marcos teóricos sólidos para enfrentar la tentación contemporánea del exhibicionismo digital y del culto a la personalidad médica.

EL dilema moral actual

El exhibicionismo médico digital representa uno de los dilemas más complejos y urgentes de la medicina contemporánea. No se trata únicamente de rifas, concursos o bailes transmitidos en redes sociales; lo que está en juego es la transformación de la medicina en espectáculo y del médico en celebridad. Este proceso conduce a un culto a la personalidad, donde algunos especialistas son exaltados casi como “dioses”, erosionando la modestia y desplazando al paciente del centro de la relación clínica (3,4,5).

En Venezuela, la Federación Médica Venezolana (FMV) ha tomado postura pública frente a este riesgo. Su expresidenta, la doctora Ángela Cruz de Quintero, lo sintetizó con contundencia: «Los médicos no deben publicar en redes como si vendieran un saco de papas. La medicina es la ciencia del dolor humano y solo puede ejercerse con ética» (4). Esta declaración expresa una tensión de fondo: no se trata de rechazar la tecnología, sino de subordinar su uso a la ética médica, evitando la mercantilización de la atención sanitaria.

El Instituto Educardio ha advertido que la popularidad en redes sociales no puede confundirse con competencia clínica: “los seguidores y los ‘likes’ jamás podrán sustituir la certificación y recertificación profesional basadas en evidencia” (7). Este punto es crítico: confundir visibilidad con excelencia erosiona el profesionalismo, pone en riesgo la seguridad del paciente y desvirtúa la noción misma de autoridad médica.

La tradición de Luis Razetti sigue siendo iluminadora. En La Moral Médica, pedía a los jóvenes “huir del industrialismo médico” y no prostituir la profesión con prácticas cercanas al charlatanismo (5). En la misma línea, Pellegrino y Thomasma recuerdan que la medicina es una comunidad moral cuya credibilidad depende de virtudes como la fidelidad a la confianza, la compasión, la prudencia y la integridad (1,6).

En este contexto, el dilema moral puede sintetizarse en dos lógicas opuestas:

  1. La medicina como bien moral y social: guiada por virtudes y centrada en el paciente (Razetti, Pellegrino).
  2. La medicina como mercancía digital: regida por algoritmos, popularidad y autopromoción.

La elección entre ambas no es neutra: define el futuro del profesionalismo médico y la confianza social en la medicina.

El lenguaje y la comunicación como formas de exhibicionismo

El exhibicionismo médico no se expresa únicamente en gestos visibles —rifas, concursos, bailes o el culto a la personalidad—, sino también en el lenguaje empleado para comunicar la medicina. El modo en que se transmiten mensajes en redes sociales y medios puede ser tan dañino como la ostentación misma, pues convierte la ciencia en espectáculo.

El profesor Gary Schweitzer, de la Universidad de Minnesota, identificó siete palabras que deberían evitarse en el periodismo biomédico: curación, milagro, cambio radical, promesa, dramático, esperanza y víctima. Todas ellas, advierte, generan falsas expectativas, banalizan los procesos clínicos y favorecen el sensacionalismo (8). Estas expresiones, amplificadas hoy por algoritmos digitales, se transforman en instrumentos de autopromoción y propaganda, más que en recursos de educación sanitaria.

Rafael Muci-Mendoza, en la IX Conferencia Razetti, retomó esta crítica para denunciar cómo la prensa médica venezolana, a menudo contaminada por intereses económicos, utiliza un lenguaje mercantil que degenera en charlatanismo. Recordaba las palabras de Luis Razetti, quien exhortaba a los jóvenes médicos a “no prostituir esta noble profesión descendiendo a los profundos antros del charlatanerismo”.

En el ecosistema digital, este problema se amplifica: videos con títulos como “cirugía milagrosa”, “cura inmediata” o “avance dramático” convierten la medicina en mercancía simbólica. El lenguaje pierde su función educativa y se convierte en herramienta de seducción.

Por ello, el uso ético del lenguaje médico en redes sociales es parte esencial de la virtud de la veracidad y de la prudencia descritas por Pellegrino y Thomasma (1,6). Evitar el sensacionalismo no es un mero detalle semántico: es una defensa del profesionalismo y de la confianza social en la medicina.

Propuesta de lineamientos éticos: Decálogo de virtudes digitales del médico

El médico del siglo XXI no puede escapar al entorno digital. Las redes sociales se han convertido en espacios inevitables de interacción, comunicación y visibilidad. Sin embargo, su uso indiscriminado, marcado por el exhibicionismo, el lenguaje sensacionalista y el culto a la personalidad, amenaza con distorsionar la esencia moral de la medicina. La cuestión no es abandonar la tecnología, sino habitarla éticamente, subordinando la comunicación digital a la fidelidad del compromiso médico con el paciente y con la sociedad.

Inspirados en la moral razettiana, que exigía modestia y dignidad (5), y en la ética de las virtudes de Pellegrino y Thomasma, que conciben la medicina como comunidad moral (1,6), proponemos un decálogo de virtudes digitales del médico:

  1. Fidelidad a la confianza: preservar la intimidad del paciente, evitando instrumentalizar su caso para obtener notoriedad.
  2. Compasión: comunicar mensajes que prioricen el alivio del sufrimiento humano y no la autopromoción.
  3. Prudencia (phronesis): discernir qué información debe compartirse, cómo y en qué medida, evitando banalizaciones y excesos.
  4. Modestia: exponer logros profesionales sin ostentación, reconociendo los límites del conocimiento científico.
  5. Integridad: separar la información científica de la publicidad o el interés económico encubierto.
  6. Autorretraimiento (autoefacement): capacidad de hacerse a un lado, renunciando al protagonismo personal para situar al paciente en el centro.
  7. Veracidad: evitar el uso de términos sensacionalistas como milagro, curación o avance dramático, que crean expectativas irreales (8).
  8. Justicia: garantizar mensajes inclusivos, evitando discriminación por edad, género, etnia o condición social.
  9. Responsabilidad social: utilizar la visibilidad digital para educar y promover salud pública, y no únicamente para captar pacientes.
  10. Sobriedad y dignidad: recordar, como pedía Razetti, que el médico debe ser ejemplo moral en todas sus esferas, incluso en el ecosistema digital (5).

Este decálogo busca orientar a los profesionales hacia una práctica digital coherente con la esencia moral de la medicina: ser visibles sin ser exhibicionistas, influyentes sin perder integridad, y comunicadores sin renunciar a la ética.

Conclusiones

El exhibicionismo médico en la era digital no es un fenómeno superficial, sino un dilema moral estructural que atraviesa la práctica contemporánea. Las redes sociales, que ofrecen un espacio valioso para la educación y la promoción de la salud, se han convertido también en escenario de rifas, concursos, bailes y cultos a la personalidad, prácticas que degradan la relación médico-paciente y reducen la medicina a un espectáculo.

La tradición venezolana, a través de Luis Razetti, ya había advertido que la vanidad y el charlatanismo corrompen la esencia de la profesión (5). La bioética contemporánea, con Pellegrino y Thomasma, insiste en que la medicina es una comunidad moral guiada por virtudes como la fidelidad, la compasión, la prudencia y la integridad (1,6). Y hoy, la voz gremial de la doctora Ángela Cruz de Quintero sintetiza el llamado: «la medicina es la ciencia del dolor humano y solo puede ejercerse con ética» (4).

El Instituto Educardio ha reforzado este mensaje al advertir que la popularidad digital nunca sustituirá la certificación profesional ni la competencia clínica (7). Y la crítica de Muci-Mendoza, al señalar el uso sensacionalista de expresiones como “milagro” o “curación”, recuerda que el lenguaje también puede ser vehículo de exhibicionismo (8).

La respuesta frente a este fenómeno no puede ser el silencio, sino la virtud. El médico que se expone en redes debe hacerlo no para exhibirse, sino para servir; no para ganar seguidores, sino para ganar confianza; no para venderse como mercancía, sino para educar y acompañar.

El reto del siglo XXI es claro: ser visibles sin ser exhibicionistas, ser influyentes sin perder la integridad y ser modernos sin renunciar a la esencia humanista de la medicina. Solo así la profesión preservará su carácter moral y podrá responder a las demandas de una sociedad hiperconectada sin traicionar su misión más noble: cuidar la vida y aliviar el dolor humano.

Referencias

  1. Pellegrino ED, Thomasma DC. The virtues in medical practice. New York: Oxford University Press; 1993.
  2. Jonsen AR. The New Medicine and the Old Ethics. Cambridge: Harvard University Press; 1990.
  3. Rodríguez R. El exhibicionismo médico. Gac Méd Caracas. 2001;109(4):295-301.
  4. Cruz Á. Los médicos no deben publicar en redes como si vendieran un saco de papas. Noticiero Digital [Internet]. 2025 ago 24 [citado 2025 ago 28]. Disponible en: https://noticierodigital.com/2025/08/angela-cruz-los-medicos-no-deben-publicar-en-redes-como-si-vendieran-saco-de-papas/
  5. Razetti L. La moral médica. Caracas: Imprenta Nacional; 1951.
  6. Pellegrino ED, Thomasma DC. Medicine as a moral community. In: The virtues in medical practice. New York: Oxford University Press; 1993. p. 31-36.
  7. Núñez Medina TJ. ¿Pueden las redes sociales certificar la competencia médica? Instituto Educardio [Internet]. 2025 jul 28 [citado 2025 ago 28]. Disponible en: https://institutoeducardio.net/pueden-las-redes-sociales-certificar-la-competencia-medica/
  8. Muci-Mendoza R. IX Conferencia Razetti: “Doctor Luis Razetti: Pionero del periodismo biomédico en Venezuela”. En: Gómez OL, López JE, eds. Colección Razetti. Vol. I. Caracas: Ateproca; 2005. p. 385-405.